“Nuestra Hidrocefalia ha sido una bendición”

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Por Dianerys Calderón Vázquez

Antes de hablar de quienes en la actualidad todos conocen como Rosy y Mary “Las tremendas en Cristo”, resulta importante profundizar en la forma en que arribaron a este mundo.

Margarita Ortega, por 12 años dedicó su vida a servir al Señor. La llamaban Sor Margarita de la Verdad. Como parte de su vida religiosa, permaneció por un tiempo en  España hasta regresar más tarde al pueblo de Utuado en Puerto Rico.  A sus 26 años  decidió abandonar el convento. No llegó a realizar los votos profesos. Un año más tarde se enamoró y el 7 de octubre de 1989 unió su vida a su actual esposo.

Luego de su primer hijo y dos dolorosos abortos, Margarita quedó embarazada de dos niñas gemelas. Un periodo de gestación bastante riesgoso. Durante su embarazo visitaba frecuentemente al doctor, por el temor a perder otro de sus embarazos.

Un día, en medio de su inquietud, Margarita le hizo una promesa a la Vírgen María: “Si me permites tener a mis hijas en tu honor les pondré tú nombre”.

11216204_600839230053426_1291877239_nRosa María (Rosy)  y María del Rosario (Mary) Cruz Ortega nacieron prematuras el  7 de octubre de 1993,  Día de la Virgen del Rosario.

“Mary”,  quien asomó primero sus ojos, pesó cuatro libras con nueve onzas. En cambio,  “Rosy” pesó cuatro  libras con cuatro onzas. Sus primero meses lo pasaron en una incubadora. Ambas nacieron con Hidrocefalia,  dilatación anormal de los ventrículos del encéfalo por acumulación de líquido cefalorraquídeo.

“Nuestra condición requería de mucho cuidado. No podíamos hacer deporte ni mucho menos darnos golpes en la cabeza. Teníamos que usar cascos, pero hasta ‘cheerleaders’ fuimos.”, explicó Rosy entre risas.

A los siete meses de nacida, a Rosy le realizaron su primera operación, en la cual le colocaron una válvula que permitía drenar el líquido cefalorraquídeo. Lo mismo ocurrió con Mary, pero al año y dos meses.

“Somos un milagro de Dios, porque las personas con Hidrocefalia presentan, a menudo, retardo mental, hiperactividad y falta de concentración, pero gracias a Dios hemos sido muy saludables y sobresalientes en la escuela desde los cinco años”, comentó Rosy.

Decidimos parar el “bullying”

“Porque éramos gemelas y no podíamos estar juntas”. Esa fue la explicación que utilizaron ambas sobre su separación, tanto en la escuela elemental como en escuela intermedia. Rosy y Mary estudiaban en salones separados. Y aunque poco se veían, siempre se cuidaban una de la otra.

“M1277748_331660456971306_690068111_oary recibió bolazos en la cabeza y un día chocó con una muchacha y se dio en la cabeza y si no fuera por el bulto se hubiese dado más fuerte. En mi caso, un día me caí y me raspé la cara. Eso hizo que se me afectara un poco la visión”, añadió Rosy, a quien se le puede distinguir de su hermana por sus peculiares anteojos.

Por un lado, Rosy aseguró que puede presentir lo que le sucede a su hermana gemela. “Yo siempre siento lo que mi hermana siente. Ese día (cuando se cayó) no lo sentí. Pero regularmente, cuando mi hermana esta triste, yo lo puedo percibir. Nuestra conexión es más, pues somos gemelas”, sostuvo.

En esta ocasión, Rosy enfrentó a una prueba de fuego. Cuando cursaba el noveno grado le realizaron una nueva operación, debido a una obstrucción en el ventrículo del lado izquierdo que no permitía que el líquido cefalorraquídeo drenara correctamente.

“En ese momento me sentí nerviosa y asustada, pero siempre le pedí a Dios, que me aliviara los dolores de cabeza, que eran muchos. El dolor no me lo aliviaban ni las pastillas. Sentía que algo me apretaba la cabeza”, expresó Rosy.

Luego de su operación, estuvo cinco días en el hospital.  Con voz temblorosa, narró cuando a su hermana (Mary) le regalaron un “kit” de maquillaje en la fiesta de navidad de su escuela, y utilizó su regalo para animar a su hermana en el hospital. “Ella me visitaba todos los días. Me peinaba y me maquillaba. Recuerdo que me raparon una parte de la cabeza y ella me hacía rabitos hacia el lado para que no se notara. Poca son las personas que mueren en una operación como esta, pero mi hermana temía que yo me fuera morir”, expresó…luego suspiró.

Era Noche Buena se había recuperado, pues tenía el firme deseo de compartir las navidades con su familia. Entre sus recuerdos está, aquella imagen del Divino Niño que le regaló su maestra de Ciencias, días antes de su operación.

“Gracias a Dios estoy bien. Uno no conoce la grandeza de Dios hasta que pasan  cosas así. Ya han pasado ocho años y estoy sana. Nunca perdí la fe y me contagié con la alegría de otros niños que también luchaban entre las pálidas paredes de aquél hospital”, recordó.

Luego de ser aceptadas en la Escuela Superior Vocacional de Cidra, ambas fueron víctimas de acoso escolar. “Decidimos parar el ‘bullying’”. Nos graduamos con honores y decidimos estudiar en la universidad enfermería”

La enfermería: nuestra vocación

“Las tremendas en Cristo”, como las suelen conocer en su red social facebook, sienten una profunda pasión por la enfermería, ya que de esta forma pueden ayudar a otras personas con su condición u otras enfermedades. Para ambas, “la Hidrocefalia ha sido una bendición”.

“Tener esta condición nos permite  ser solidaria con las otras personas y nos ayuda a crecer como seres humanos”, abundaron.

En una conversación de más de una hora, una narraba los hechos, mientras la otra la interrumpía para completar el pensamiento. De esa forma, lograron expresar la profunda admiración que ambas sienten por su madre.

400700_270816033055749_1711486727_n“Desde pequeña vimos cómo mami cuidaba a los enfermos y nos enseñó a hacer apostolado con las personas necesitadas. Ella siempre ha sido nuestra inspiración. Ser enfermera, aunque es una profesión sacrificada, nos gusta y aceptamos el reto. Llevamos cuatro años y medio estudiando en la Universidad del Turabo en Gurabo, y a pesar de nuestra condición estamos a punto de terminar nuestros estudios”, comentaron muy emocionadas.

Se distinguen por su sencillez y por reflejar su belleza interior, la cual según Mary proviene de Dios. Y aunque la sonrisa de Mary la distingue, admitió que en un momento de su juventud, esa sonrisa se opacó.

“Yo no escuchaba bien por un oído. Me hicieron varios estudios, los cuales reflejaron que yo tenía un tumor en la cabeza. Nos asustamos muchísimo, pero nos pusimos en constante oración”, dijo Mary.

María del Rosario, quien actualmente tiene 21 años, recordó aquél primero de enero, cuando visitó a los niños con cáncer del Hospital San Jorge.  Antes de comenzar el recorrido, hizo una parada en la capilla del hospital, oró por unos minutos y al salir del lugar sus doctores le dijeron que el tumor había desaparecido.

“Los doctores no podían explicar (se sonríe) cómo el tumor había desaparecido. Fue emotivo y comprendí en ese momento que la oración mueve montañas. María intercedió sobre Jesús para salvarme”, explicó Mary sin poder contener su alegría.

Líderes en su comunidad

No obstante, no todo en la vida de “las Marías” han sido desgracias. Juntas pudieron cumplir recientemente dos de sus grandes sueños. En el año 2013, participaron de la Jornada Mundial de la Juventud en Brasil, un encuentro entre millones de jóvenes del mundo con el Papa Francisco. Además, lograron presenciar una operación  de una persona con Epilepsia, enfermedad caracterizada principalmente por accesos repentinos, con pérdida brusca del conocimiento y convulsiones.

Ambas jóvenes cidreñas, han dedicado su vida al servicio de la comunidad. Fueron catequistas, Servidoras del Altar, pertenecen desde hace nueve años a la Pastoral Juvenil San Juan Pablo II de Cidra. Y actualmente  forman parte del grupo Corazón Misionero y la Asociación de Hidrocefalia y Espina Bífida.

1010387_310574555746563_712550292_n“La pastoral juvenil ha sido de mucho crecimiento espiritual y emocional. Nos ha ayudado a fortalecer nuestra fe y ha sido parte de nuestro conocimiento sobre lo que es Dios. Mis padres han sido la base fundamental, pero la Pastoral ha sido un complemento en nuestra vida. Desde que nacimos vamos a la iglesia como familia”, expresó una de las gemelas.

Por su parte, Rosy atribuye su liderazgo a la convivencia que experimentó a sus 12 años con las religiosas Siervas de  María de Gurabo. “Éramos todas chicas y nos dedicábamos a hacer apostolado con los enfermos. Allí fomentamos nuestro liderazgo y trabajamos con chicas embarazadas, personas accidentadas y enfermos. Ese liderazgo  lo aplicamos luego en la Pastoral”.

Luego de una hora de larga conversación, ambas hicieron silencio, querían buscar las palabras correctas. Rosy comenzó: “A pesar de las situaciones difíciles que podamos pasar nunca debemos de dudar sobre lo que Dios puede hacer con nosotros. No debemos perder  la fe y siempre debemos buscar el propósito, porque Dios no le da cargas a nadie que no pueda soportar”.

Como de costumbre,  Mary completó el pensamiento de su hermana gemela: “Tenemos que visualizarnos en la fe de otras personas.  A veces vemos las enfermedades como problemas, la realidad es que podemos tener una vida excelente. Tenemos la capacidad de disfrutar la vida y hasta la enfermedad que uno tiene. Somos fuertes y alegres y podemos llevar un testimonio de lucha, sacrificio y esperanza a otras personas”, concluyó.

Y así fue que llegué a los veinti…¿qué?

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img1430258052127Por Dianerys Calderón Vázquez

-¡Y que cumplas muchos más! (aplausos).

-“¡Sopla, Dianerys, sopla!, gritaba la gente desde sus asientos.

-“¡Orita, orita, orita….!, les respondí.

La vela en el bizcocho simboliza un año más de vida. Cuando se cumple el primer añito, los padres suelen colocar una velita en el centro del bizcocho para que el niño o la niña la apague. A medida que aumenta la edad, también las velitas. Y si con fortuna llegas a los 50,70, 80…. la vela toma forma de número y todos se enteran de la edad que cumples.

Pero regresando a mi infancia. Me imagino que desde pequeña tenía muchos deseos, ya que me encantaba apagar la llama una y otra vez. Ya saben, atrasar un poco la distribución de bizcocho.

Soplaba hasta el cansancio. Así me consta, gracias a los  numerosos vídeos sobre mi niñez, que mi madre aún atesora en uno de los rincones de mi hogar. Quien decida sumergirse en lo que, según mi madre, es el rincón especial de los recuerdos, posiblemente se lleve grandes sorpresas.

Hablando de sobresaltos y emociones, no puedo pasar por alto cada uno de los cumpleaños que mis padres me celebraron junto a mi familia y amigos. Sencillos en su esencia, pero muy divertidos e inolvidables. El primer año a lo Baby Face, Minnie Mouse en mi segundo añito; globos, confeti y piñata. Tampoco podría olvidar el pijama party a los ocho años, el cumpleaño sorpresa a los 10 años en mi escuela elemental y el maravilloso día de bicicletas en el parque de mi barrio, donde todos me lanzaron platos saturados con crema para afeitar.

Ya en la adolescencia, realicé un “party” en los bajos de mi casa al estilo Brava. Y ni se diga del día más especial de mi vida: Mi quinceañero.  Aquel 28 de abril me sentí como una princesa, no solo por el rampante vestido  azul cielo que llevaba puesto, sino por la caravana de motoras que me escoltó de Naranjito a Corozal, la hermosa canción que me dedicó mi hermano mayor frente a tantas personas, el tradicional vals que dancé en los brazos de mi padre y el esfuerzo de mi madre, quien junto a mi abuela, hizo de tripas corazones para que esa noche fuese mágica. Más de 300 personas fueron testigos de ese momento.

Al día siguiente, mis padres me llevaron a la playa. Aunque les resulte extraño, ese día vencí mi miedo al mar y pude dejar atrás todo lo que me ataba y me impedía brillar como una estrella.

Los siguientes cumpleaños fueron sencillos. Un globito aquí y allá, pero siempre muy coloridos, como mi forma de ver la vida. Celebré mi primera mayoría de edad, los tan esperados 18 años, junto a mi hermano Wildany, quien también cumplía 21 años. ¡Tremenda algarabía! Salsa, merengue y hasta batucada.

Hasta ese momento, no me percataba de la edad. Disfrutaba y pocas veces me detenía a pensar. Contemplaba sutílmente los ventitantos como algo lejano a mí. No obstante, en un abrir y cerrar de ojos, ya tenía 22 años, me había graduado del Primer Centro Docente del País  y me había convertido  en toda una profesional. Miles de  decisiones y millones de responsabilidades me esperaban cada mañana al salir al  balcón de mi casa.

Pero, ¿en qué momento crecí? Creo que es una pregunta que mis padres se suelen hacer con mayor frecuencia.

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Cada 29 de abril lo celebro con alborozo. Aunque pensándolo bien, a pesar de los contratiempos, vivo como si todos los días fuesen 29 de abril. De ahí la famosa pregunta:

-“¡Nena!, ¿pero cuántos días tu celebras?.

-“Todos los días”, les contesto con emoción.

Cada amanecer ganamos una nueva batalla. Unas más intensas que otras, pero a través de nuestro esfuerzo y optimismo descubrimos el valor de la vida y nuestra misión en ella. Sin saberlo nos convertimos en vencedores por excelencia.

Al confirmar que a pesar de  los retos y experiencias dolorosas que he tenido que afrontar en mi juventud, eventos que tal vez pudiera dialogar con usted tranquilamente con una taza de café en las manos, aún tengo la capacidad de evocar aquellas imágenes que divisé a través de la pantalla del televisor, que me recuerdan día y noche que aunque el viento apague la vela, la verdadera llama debe seguir encendida en mi corazón. El júbilo de saber que pertenecemos a esta vida. Que aunque nuestra realidad sea distinta a la planificada o soñada, podamos hacer de esta la mejor de todas.

Y así fue que llegué a los veinti…. Sí, veinte y tres. La edad perfecta para comprender que en cualquier circunstancia, me encuentro en el lugar correcto. En el cual puedo percibir mis sentimientos y sentirme orgullosa de ellos. Cuando comprendí que todo lo que acontece a mi alrededor contribuye a mi crecimiento. Cuando tomé el arado y jamás miré hacia atrás. El momento perfecto para vivir el presente, donde la vida acontece.  De esta forma llegué a los 23. Amando y valorando la mujer que soy. Agradeciéndole a Dios todo lo que mis padres han hecho por mí y comprendiendo, como dice Charle Chaplin, que “no debemos tener miedo de cuestionarnos…hasta los planetas chocan y del caos nacen las estrellas. Nací a las cuatro de la tarde y hoy felicito a mis padres por su valentía e infinito amor.

Rumbo a Cracovia, Polonia

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cracovia“Un sí seguro al Señor”

Por Dianerys Calderón

“A próxima sede da  Jornada Mundial da Juventude…Cracovia”.  Hace dos años  y medio aproximadamente escuché esas palabras. A lo lejos un grupo de peregrinos con banderas  alusivas a Polonia saltaban de la emoción.  La alegría me contagió  y bajo aquél cielo copacabano, prometí que  cada “Sí” al Señor sería firme y seguro.

Cuando en julio de 2013,  viajé a la Jornada Mundial de la Juventud en Brasil aprendí muchas cosas. Fueron tantas, que podría escribir un libro. Entre todas las enseñanzas, aprendí a nunca decirle “No” a Dios. Por tal motivo, decidí continuar mi jornada como peregrina en mi casa, en mi comunidad, con los jóvenes de la Diócesis, con los creen  y con lo que no. En ese caminar, el cual no ha sido lleno de rosas,  Dios me ha mostrado el camino que debo seguir y me ha ayudado a ser una joven auténtica en mi fe.  Aprendí y comprendí a llevar la cruz de la Jornada Mundial de la Juventud, conocida como la Cruz de los Jóvenes, a todos lados sin ningún temor.

¿Y qué es la cruz?

En la actualidad, la cruz es un símbolo conocido en todo el mundo.  Muchos lo usan como adorno de joyería, para decorar su hogar o como amuleto de la buena suerte; pero muchos no se dan cuenta de su origen ni de su verdadero significado. En realidad, la cruz representa el evento más significativo de la historia de la humanidad, por lo que el apóstol Pablo declaró: “Lejos esté de mi gloriarme sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo” (Gá 6.14)

La cruz de Cristo es un medio poderoso para recordarnos que podemos gloriarnos en que Cristo estuvo dispuesto a sacrificarse en nuestro lugar a fin de que nosotros pudiéramos ser libres de toda culpa y disfrutáramos de nueva vida en Él. No se trata, entonces, de que simplemente sea el símbolo más reconocido del cristianismo. Representa en sí el sacrificio cruento y sublime por medio del cual nosotros podemos experimentar lo que es la nueva vida que Cristo nos ha concedido no solo por ahora, sino también la promesa de vida eterna con Él en el futuro.

En ese sentido, la Cruz de la Jornada Mundial de la Juventud es un crucifijo de madera itinerante que va viajando por distintos países desde el año 1984. Tal vez, ya la hayas visto en manos de los próximo peregrinos que viajarán a Cracovia, Polonia el próximo año. Esta cruz fue entregada a los jóvenes católicos por  San Juan Pablo II,  el Papa polaco que estuvo al frente de la Iglesia Católica por 26 años y cinco meses, y a quien todos recordamos como el “Papa peregrino”. Hoy se conmemoran 10 años de su fallecimiento y  es una de las razones por la que este encuentro tiene un significado especial para mí, porque se celebrará en su ciudad en conmemoración a sus 10 años de defunción.

Recordemos que San Juan Pablo II lideró el tercer pontificado más largo en los más de 2.000 años de historia de la Iglesia, realizó 104 viajes apostólicos fuera de Italia y 146 en ese país. Además, fue quien impulsó las Jornadas Mundiales de la Juventud en las que se reunió con millones de jóvenes de todo el mundo e inauguró los Encuentros Mundiales de las Familias.

Mi meta más importante es alcanzar y mantener mi  amistad con Dios. Porque, ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?. La amistad con Dios es una aventura que requiere el esfuerzo de toda una vida. Por eso vivo para él y llevo mi cruz a todos lados.

He decidido ser peregrina, porque he entendido cuáles son mis verdaderos valores espirituales de base y mi propósito en la vida. Por eso, rumbo a la próxima Jornada Mundial de la Juventud en Cracovia, Polonia , voy preparando mi corazón para escuchar la respuesta que el Señor tiene para mí. Porque le dije que “Sí” al Señor.

No más balas al aire en Naranjito

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1474589_1405416233034063_1330003804_nPor Dianerys Calderón

El Centro Comunitario Mulitas estará realizando una caravana este sábado 28 de diciembre a las 4:30 de la tarde en el cruce de Mulitas.

 

 

 

 

 

 

 

Yo fui a la JMJ en Brasil

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1382141_10151926455749559_1416579151_nJornada Mundial de la Juventud en Brasil

Por Dianerys Calderón

Han pasado cinco meses de aquel viaje que transformó mi vida. Y es que con tan solo escuchar Brasil se me eriza la piel. El tiempo ha pasado rápido y mis compromisos han aumentado, y aunque no he parado de hablar sobre el tema, siento que mi testimonio sobre la Jornada Mundial de la Juventud en Brasil no ha llegado a todas las personas que quiero.

Puedo decir que la  JMJ se  dividió en tres etapas. Antes, durante y después. La primera etapa fue la recolección de fondos por todas las comunidades en Naranjito, la segunda etapa fue en Sao Paulo y Rio de Janeiro y  la tercera etapa la vivo hoy en  Puerto Rico.

Aún guardo en mi memoria aquél momento en el que el Padre Félix Oliveras de la Parroquia San Miguel Arcángel de Naranjito me preguntó: ¨ ¿Te gustaría viajar con tu hermano a Brasil el próximo año?¨. Inmediatamente contesté que sí.

Mis padres me dieron permiso y se comprometieron a vivir esta nueva aventura junto a mí. Durante un año los cuatro representantes de Naranjito: Kerleen Negrón, Edgardo Santiago, Wildany Calderón y esta servidora visitamos las diferentes comunidades de nuestro pueblo, y fue en ese momento cuando comenzó la Jornada.

El total del costo del viaje eran 14 mil dólares por los cuatro peregrinos. Teníamos que llegar a la meta, sin embargo, faltaban menos de 6 meses. Realizamos sorteos, vendimos más de mil mallorcas, hicimos una cena bailable,  hasta un  ¨Car Wash¨.  No lo niego, durante el proceso sentí que no llegaríamos, pero definitivamente Dios quería que viajáramos y efectivamente así sucedió, un 15 de julio llegué a Brasil.

Semana Misionera en Sao Paulo

1391601_545185828892965_399390987_nA las dos de la madrugada mi familia me llevó al aeropuerto Luis Muñoz Marín. Los nervios se apoderaron de mí y la despedida fue muy emotiva.  Fueron más de 8 horas de vuelo. Primero llegamos al aeropuerto de Panamá, donde conocimos a un grupo de jóvenes de Bolivia, luego llegamos a Sao Paulo.

Cuando nos bajamos del ¨ônibus¨ diferentes familias de la comunidad de Pirituba nos recibieron cantando. Luego, entramos a la Parroquia Nuestra Señora de Asunción y allí me presentaron a mi mamá, mis tres hermanos boricuas y mis tres hermanos brasileros. Éramos 7 hermanos en una casa.

Me sentí contenta por ser parte de una familia tan grande. La acogida fue espectacular, llena de afecto y solidaridad. Ya me sentía brasilera.

Junto a la Pastoral Juvenil de Pirituba realizamos diferentes dinámicas de integración, nos conocimos, nos reímos, aprendimos portugués, comimos los platos típicos de Brasil y hasta bailamos. Juntos hicimos un recorrido por las favelas y de eso quiero hablar.

A veces uno piensa que uno es pobre, pero ese día supe lo rica que soy. Cuando de aquellas casas de madera, algunas con paredes y techos de cartón, salió aquella avalancha de niños descalzos, no pude contener mi llanto. El pecho se me apretó tan fuerte y mi mente solo recordaba lo abarrotado que está mi ¨closet¨, lleno de ropa y zapatos, que a veces ni uso. Aquellos angelitos no tenían nada. Por fortuna llevé un güiro, y les enseñé a tocarlo. Parecían boricuas. El impresionante recorrio culminó con un ¨Gracias¨ a coro por parte de los niños y mi corazón partido en dos.

¨Solo llevo días aquí y siento que he vivido tanto¨, pensé. Esa semana me enfermé. Tenía fiebre, malestar y por el frío mi dermatitis empeoró. Me sentía incómoda, cansada, pero con ganas de disfrutar, aunque el dolor de garganta me impedía cantar. En ese momento conocí a Valdir Padován, un señor de 40 años, que en su juventud sufrió un accidente que lo dejó parapléjico. Mi amigo Valdir me dio cátedra de lo que es vivir alegre. Aproximadamente compartí dos  horas con él y nuestra amistad se fortaleció tanto, que hoy somos amigos por Facebook.

Durante la Semana Misionera tuvimos varios encuentros con jóvenes de otros países. Particularmente, en la región de Lapa, el grupo de baile de  la Delegación de Caguas realizó un baile cultural. Ese día, después de varios días en Sao Paulo, me encontré con mi hermano Wildany y nos abrazamos fuerte. Esa noche, pude conectarme a Facebook y me comuniqué con mis padres en Puerto Rico para decirles que había visto a mi hermano.

La Semana Misionera culminó con una triste e inolvidable despedida entre nuestros familiares y amigos brasileros.

Jornada en Rio

1000243_545198525558362_1513389229_nDurante seis horas viajamos hasta Rio de Janeiro. En el camino hicimos una pequeña parada en Rancho de Pamonha, un negocio de comida confeccionada con maíz. La aventura comenzó en Rio. Los 105 peregrinos por primera vez estábamos juntos.

Como Delegación tuvimos varios percances, pero esas situaciones que vivimos también forman parte de nuestra Jornada y era necesario  vivirlas.

Uno de los momentos más significativos lo fue ver a cinco pies de mí, al Papa Francisco. Esperé más de 8 horas de pie para verlo. Fue una gran emoción. Entre más de 4 millones lo pude ver, y de cerca. Ahí supe que todo el esfuerzo había valido la pena.

Ese día caminé más de 13 kilómetros para llegar a la Playa de Copacabana y mientras caminaba muchas cosas pasaban por mi mente. Pensé en mi vida pasada, en mis pequeños errores, en mis sueños, en mis metas, en mi familia y en mis amigos. Ya mi espalda no aguantaba más. Un nervio se me trancó y lloré del dolor, pero tenía que seguir caminando con mi ¨sleeping bag¨ en las manos, mi mochila de peregrina y una caja bastante pesada con comida y jugos.

En esa extensa caminata, extrañé tanto estar en mi isla. Me sentía cansada. Y caminaba con los ojos cerrados, pidiéndole a Dios que me diera fuerzas para llegar al lugar. Por un momento pensé en el calvario que vivió Jesús en la Cruz y eso me motivó a ignorar el dolor y seguir caminando. Continuaba orando.

Volviendo al Papa, minutos antes de pasar frente a mí, elevé mi mirada al cielo. Curiosamente, me percaté de que varios  pájaros volaban de forma circular a medida que se acercaba el Papa móvil. Se me erizó la piel, me disfruté el espectáculo, cerré los ojos y di gracias a Dios.

Más tarde, ubicamos nuestros ¨sleeping bag¨ cerca de la orilla de la playa. Las olas eran gigantescas y una de ellas llegó a mi ¨sleeping bag¨ y lo mojó. En nuestra Delegación había una frase que me encantaba: ¨Supéralo con estilo¨. Eso hice, dormí en él, bajo la lluvia y con un frío de 40 grados terrible.

Bajo el cielo estrellado, esa noche, lloré sin consuelo. Extrañaba tanto a mi familia. Lloré tanto que me quedé dormida. Luego, me levanté con la voz del Papa Francisco que dijo: ¨Jóvenes, ustedes están demostrando que su fe es más grande que el frío y la lluvia de hoy¨.  Sentí que Dios me hablaba al corazón a través de las palabras del Papa. Esa noche solo me dediqué a escuchar.

Conocí a jóvenes de todo el mundo. De argentina, Escocia, Vietnam, Brasil, Colombia, Venezuela, Bolivia, Paraguay, Ecuador, Francia, Italia, España, Costa Rica, Estados Unidos, Sudáfrica, etc. Tremenda experiencia cultural.

El último día en Copacabana bajaron por nuestros rostros lágrimas cargadas de felicidad, pues lo habíamos logrado. Luego nos dirigimos al Hotel Royal Tulip y durante dos días vacacionamos un poco.

Visité el Cristo Redentor del Corcovado, una de las siete maravillas del mundo y el Teleférico Pan de Azúcar. De allí tomé las mejores fotos de mi viaje.

Al regresar a nuestra Isla, algo dentro de mí estaba diferente. Me sentía otra persona totalmente renovada. Con un gran testimonio de fe que relatar.

La huella de la JMJ

1396047_545196278891920_2101647415_nEntendí el propósito que Dios tiene para mí. Mi vida antes de la JMJ era una vida casi perfecta. Vivía feliz y hasta despreocupada de lo que acontecía a mí alrededor. Sentía que lo tenía todo: una familia unida, un novio, muchos amigos, diversión, éxito, etc. Pero como le sucedió a Job, Dios ha probado cuán grande es mi fe en él a través de pruebas muy duras, pero que han fortalecido mi fe en él.  Cuando llegué a Puerto Rico pasé diferentes situaciones que fueron moldeando mi carácter. Inesperadamente mi tía Blanca falleció y en menos de 2 meses, recientemente, mi abuela paterna pasó a morar con el Señor. Han sido dos pérdidas grandes en mi vida, que las he podido entender y afrontar gracias a la fe tan grande que tengo en Dios.  Pude entender que soy joven, que hay muchas personas que me necesitan, que puedo trabajar por esas personas, que debo poner mis dones y talentos al servicio de Dios, que no debo ser egoísta, que debo perdonar, que debo ser humilde y que  la mejor manera de vivir es al lado de Jesús.

Desde que llegué a mi isla no he parado de trabajar, tal vez por eso no había tenido la oportunidad de ofrecer mi testimonio a los demás. Y deseo hacerlo, no para vanagloriarme de la experiencia, sino para que tú, joven que me lees, reflexiones y te preguntes:  ¿Cuán cerca quieres estar de Dios?

Esta experiencia cambió mi vida para siempre. Crecí como ser humano y gané grandiosos amigos. De todo corazón, espero que muchos jóvenes también puedan vivir esta experiencia  para que conozcan más a Jesús, se acerquen a él y descubran que la vida no es vida sin Dios, que somos jóvenes y debemos continuar ¨armando líos¨, como nos encomendó el Papa Francisco. Joven, renueva tu fe,  crece en el amor de Dios, deja que en el silencio te hable, se alegre y capaz de alegrar la vida de los demás.

Pasión sobre olas

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pasion2Por Dianerys Calderón

Como todas las tarde, antes de que baje el sol, se enlista para pasar largo rato entre las olas de la Playa Aviones en Piñones. Atraído por el resplandeciente paisaje, que envuelve el aroma salado y el azulado frescor, cada tarde se acuesta en su tabla adaptada para dominar  la ola perfecta más allá de cualquier limitación física. Las miradas se detienen.

Y es que el joven surfista Héctor Luis Resto Rivera de Guaynabo, le sobran energías para demostrar su pasión desenfrenada por un deporte que hace unos años atrás dejó de practicar por un accidente que lo dejó parapléjico.
Indio Resto, como cariñosamente lo conocen, ha hecho del  ¨bodyboarding¨ su vida impactando no solo al que lo observa, sino a todo aquel que rebosa de felicidad en la cresta de la ola perfecta. Aunque el joven atleta de 32 años jamás imaginó el nuevo rumbo que tomaría su vida desde una silla de rueda, su accidente ocurrido hace 12 años no ha representado un obstáculo para dejar a un lado su pasión por el Surf.
Fue una de esas tardes calurosas y agitadas, cuando el sol prepotente lo incitó a surfear. Como de costumbre salió a disfrutar de las olas de Piñones. Sin embargo, una pelea entre jóvenes lo llevó a uno de los negocios del lugar, ya que allí su mejor amigo era golpeado sin piedad.
Su mente se nubló, y sin pensarlo dos veces intentó defenderlo, pero de ese enfrentamiento recibió tres impactos de bala en la columna vertebral dejándolo en condición parapléjica a sus 20 años de edad.
¨Sentí que me vacié por completo, fue una sensación bien extraña. Cuando me colocaron en el asiento del carro, yo sentía  que estaba sentado en los pedales, allá abajo, pero como no sentía nada, yo pedía que me sentaran arriba en el sillón sintiendo que me faltaban los pies¨, relató Resto Rivera con ojos llorosos. Venciendo el inesperado tráfico que encontraron rumbo al hospital, llegaron por fin al Centro Médico de Rio Piedras, donde permaneció cinco meses recluido y en intensivo.

¨Cuando me desperté de la anestesia los doctores me dieron la noticia que no volvería a caminar. En ese momento no sentí nada. Estaba en ¨shock¨, pero cuando lo supe dije ok está bien¨, dijo entre risas el joven surfista, quien admitió haber caído en depresión. Aún así, el inesperado suceso no impidió que terminara sus estudios universitarios. Aunque sintió miedo de volver a surfear, simultáneamente, sentía las ansias a flor de piel de volver a dominar una ola.
Luego de tomar diferentes terapias físicas en y fuera de Puerto Rico, particularmente, la terapia electroneuromedular la sensación en sus piernas ha aumentado permitiéndole llevar una vida totalmente independiente. En diciembre del 2012 fue cuando decidió aceptar el reto y se sumergió en el mundo del Surf.
Comenzó por estudiar las olas, y creó junto a su amigo una tabla que se adapta perfectamente a su condición. La paraplejia es un impedimento en la función motora o sensorial de las extremidades inferiores que, por lo general, afecta los elementos neurales del canal espinal provocando que la persona dependa de sillas de ruedas u otras medidas de apoyo para su movilidad.
Para ¨Indio¨, este deporte es mucho más exigente que para cualquier surfer, ya que su espalda no se acostumbra a estar arqueada hacia atrás, por lo que utiliza con mayor frecuencia sus brazos para poder desplazarse por la ola.  ¨Es difícil, pero el ´surfing´ es bien lindo, es otra conexión con la naturaleza. Mientras más voy al agua mejor me siento, esto me llena¨, recalcó Resto Rivera, quien además de surfear es diseñador gráfico e ilustrador.
Según el joven surfista, hasta el momento él no conoce a otro joven parapléjico puertorriqueño que practique este deporte en la Isla, hecho que lo motiva a seguir desarrollándose en el deporte y, a su vez, motivar a otras personas que enfrentan situaciones similares a la de él.
Más allá de su condición, uno de los grandes obstáculos que enfrenta ¨Indio¨ es la falta de equipo o silla de ruedas especial que le facilite el acceso a la playa para llegar de manera más segura e independiente al agua. La silla de rueda  tiene un costo aproximado de 4 mil dólares. Por tal razón, si desea realizar un donativo puede depositarlo en su cuenta Pro Fondos del Banco Popular #321- 24153-5 o puede llamar al 787-376-0716

Con piel de guerrera

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Jeairy Segarra y José Vera.
Jeairy Segarra y su esposo José Vera.

Por Dianerys Calderón Vázquez

Mientras sus amigas se preocupaban por la ropa, el maquillaje, el pelo, los chicos y las fiestas; a sus 15 años de edad, Jeairy Segarra, intentaba salir de las llamas que arroparon su juventud, cuando se quemó con una vela y el 50% de su cuerpo recibió quemaduras de segundo y tercer grado.

Aquella noche marcó su vida. Fue en el 1998, luego de que el huracán Georges azotara la isla, cuando Segarra comenzó a tener varias convulsiones, por lo que decidió ir al doctor. Allí le realizaron un electrocefalograma de 24 horas. Más tarde, el doctor le ordenó que debía removerse el pegamento del cuero cabelludo, y esta adquirió un producto fuerte para eliminarlo.

Como consecuencia del fenómeno atmosférico, esa noche una vela iluminaba el hogar de Jeairy Segarra, la misma que ésta utilizó en el baño para removerse el pegamento.

“Al yo virar el cabello, las puntas de mi cabello rozaron con la vela y en medio segundo me prendí en fuego”, explicó Segarra, quien estuvo alrededor de dos minutos y medio entre las llamas.

En un abrir y cerrar de ojos su madre se levantó asustada al ver una bola gigantesca de fuego en el pasillo de la casa y socorrió a su hija metiéndola rápidamente a la bañera. “Cuando mis padres me encontraron yo estaba totalmente carbonizada”, comentó la joven, quien fue transportada en ese momento al Hospital de Carolina.

Lo curioso es que, mientras Segarra luchaba por mantenerse con vida, los doctores no la aseguraban; y le diagnosticaron pérdida de audición, visión,  y la pérdida total de su cabello. No obstante, a medida que pasó el tiempo, el resultado fue otro.  Después de más de 150 cirugías, Segarra se convirtió en una exitosa empresaria, con una familia y una historia de amor que relatar.

En el momento de su accidente, la relación con su actual esposo José Veras se fortaleció. Segarra recuerda que cuando eran estudiantes de escuela superior la vida los puso  frente. Hubo atracción y de ahí surgió el sentimiento de amor. Después cada cual siguió su camino. Más tarde se volvieron a encontrar. Físicamente Segarra no era la misma. Esta vez el rostro de ella llevaba la marca de su accidente. Sin embargo, los sentimientos de ambos trascendieron más allá de lo físico, donde contrajeron matrimonio y  procrearon dos niñas.

El proceso de recuperación de Segarra fue lento. Fueron años entre el hospital y la casa. Sin embargo, mientras se recuperaba aprendió sobre los beneficios de utilizar productos orgánicos para la piel. Fue entonces cuando creó su empresa Komokoco.

La marca Komokoco promueve la buena salud a través del uso de la aromaterapia, hierbas y aceites esenciales. Por medio de sus productos, Segarra confesó que ha podido aliviar las repercusiones de las quemaduras que recibió en su juventud, en especial la recuperación y fortalecimiento de su cabello.

“Cuando me vi en un espejo pasó una película por mi mente, pero al terminar, llegué a la conclusión de que la vida es mucho más allá de lo exterior y este negocio es un pedacito de mi para el resto del mundo. Además, pienso que el cabello da ese pequeño ˊínsight’ de tu personalidad. Para mí el cabello es mejor que la piel”, explicó la joven artesana.

Según Segarra, su experiencia ha sido fuente de inspiración para contribuir con la salud de muchas personas con problemas de la piel, con dolores musculares o simplemente aquellas personas que, como ella, son perfeccionistas con el cuidado de su cabello.

Actualmente, vive en Estados Unidos junto a su familia y se prepara para participar en las ferias artesanales de North Carolina. Para más información pueden acceder a www.komokoco.com