No más balas al aire en Naranjito

1474589_1405416233034063_1330003804_nPor Dianerys Calderón

El Centro Comunitario Mulitas estará realizando una caravana este sábado 28 de diciembre a las 4:30 de la tarde en el cruce de Mulitas.

 

 

 

 

 

 

 

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Yo fui a la JMJ en Brasil

1382141_10151926455749559_1416579151_nJornada Mundial de la Juventud en Brasil

Por Dianerys Calderón

Han pasado cinco meses de aquel viaje que transformó mi vida. Y es que con tan solo escuchar Brasil se me eriza la piel. El tiempo ha pasado rápido y mis compromisos han aumentado, y aunque no he parado de hablar sobre el tema, siento que mi testimonio sobre la Jornada Mundial de la Juventud en Brasil no ha llegado a todas las personas que quiero.

Puedo decir que la  JMJ se  dividió en tres etapas. Antes, durante y después. La primera etapa fue la recolección de fondos por todas las comunidades en Naranjito, la segunda etapa fue en Sao Paulo y Rio de Janeiro y  la tercera etapa la vivo hoy en  Puerto Rico.

Aún guardo en mi memoria aquél momento en el que el Padre Félix Oliveras de la Parroquia San Miguel Arcángel de Naranjito me preguntó: ¨ ¿Te gustaría viajar con tu hermano a Brasil el próximo año?¨. Inmediatamente contesté que sí.

Mis padres me dieron permiso y se comprometieron a vivir esta nueva aventura junto a mí. Durante un año los cuatro representantes de Naranjito: Kerleen Negrón, Edgardo Santiago, Wildany Calderón y esta servidora visitamos las diferentes comunidades de nuestro pueblo, y fue en ese momento cuando comenzó la Jornada.

El total del costo del viaje eran 14 mil dólares por los cuatro peregrinos. Teníamos que llegar a la meta, sin embargo, faltaban menos de 6 meses. Realizamos sorteos, vendimos más de mil mallorcas, hicimos una cena bailable,  hasta un  ¨Car Wash¨.  No lo niego, durante el proceso sentí que no llegaríamos, pero definitivamente Dios quería que viajáramos y efectivamente así sucedió, un 15 de julio llegué a Brasil.

Semana Misionera en Sao Paulo

1391601_545185828892965_399390987_nA las dos de la madrugada mi familia me llevó al aeropuerto Luis Muñoz Marín. Los nervios se apoderaron de mí y la despedida fue muy emotiva.  Fueron más de 8 horas de vuelo. Primero llegamos al aeropuerto de Panamá, donde conocimos a un grupo de jóvenes de Bolivia, luego llegamos a Sao Paulo.

Cuando nos bajamos del ¨ônibus¨ diferentes familias de la comunidad de Pirituba nos recibieron cantando. Luego, entramos a la Parroquia Nuestra Señora de Asunción y allí me presentaron a mi mamá, mis tres hermanos boricuas y mis tres hermanos brasileros. Éramos 7 hermanos en una casa.

Me sentí contenta por ser parte de una familia tan grande. La acogida fue espectacular, llena de afecto y solidaridad. Ya me sentía brasilera.

Junto a la Pastoral Juvenil de Pirituba realizamos diferentes dinámicas de integración, nos conocimos, nos reímos, aprendimos portugués, comimos los platos típicos de Brasil y hasta bailamos. Juntos hicimos un recorrido por las favelas y de eso quiero hablar.

A veces uno piensa que uno es pobre, pero ese día supe lo rica que soy. Cuando de aquellas casas de madera, algunas con paredes y techos de cartón, salió aquella avalancha de niños descalzos, no pude contener mi llanto. El pecho se me apretó tan fuerte y mi mente solo recordaba lo abarrotado que está mi ¨closet¨, lleno de ropa y zapatos, que a veces ni uso. Aquellos angelitos no tenían nada. Por fortuna llevé un güiro, y les enseñé a tocarlo. Parecían boricuas. El impresionante recorrio culminó con un ¨Gracias¨ a coro por parte de los niños y mi corazón partido en dos.

¨Solo llevo días aquí y siento que he vivido tanto¨, pensé. Esa semana me enfermé. Tenía fiebre, malestar y por el frío mi dermatitis empeoró. Me sentía incómoda, cansada, pero con ganas de disfrutar, aunque el dolor de garganta me impedía cantar. En ese momento conocí a Valdir Padován, un señor de 40 años, que en su juventud sufrió un accidente que lo dejó parapléjico. Mi amigo Valdir me dio cátedra de lo que es vivir alegre. Aproximadamente compartí dos  horas con él y nuestra amistad se fortaleció tanto, que hoy somos amigos por Facebook.

Durante la Semana Misionera tuvimos varios encuentros con jóvenes de otros países. Particularmente, en la región de Lapa, el grupo de baile de  la Delegación de Caguas realizó un baile cultural. Ese día, después de varios días en Sao Paulo, me encontré con mi hermano Wildany y nos abrazamos fuerte. Esa noche, pude conectarme a Facebook y me comuniqué con mis padres en Puerto Rico para decirles que había visto a mi hermano.

La Semana Misionera culminó con una triste e inolvidable despedida entre nuestros familiares y amigos brasileros.

Jornada en Rio

1000243_545198525558362_1513389229_nDurante seis horas viajamos hasta Rio de Janeiro. En el camino hicimos una pequeña parada en Rancho de Pamonha, un negocio de comida confeccionada con maíz. La aventura comenzó en Rio. Los 105 peregrinos por primera vez estábamos juntos.

Como Delegación tuvimos varios percances, pero esas situaciones que vivimos también forman parte de nuestra Jornada y era necesario  vivirlas.

Uno de los momentos más significativos lo fue ver a cinco pies de mí, al Papa Francisco. Esperé más de 8 horas de pie para verlo. Fue una gran emoción. Entre más de 4 millones lo pude ver, y de cerca. Ahí supe que todo el esfuerzo había valido la pena.

Ese día caminé más de 13 kilómetros para llegar a la Playa de Copacabana y mientras caminaba muchas cosas pasaban por mi mente. Pensé en mi vida pasada, en mis pequeños errores, en mis sueños, en mis metas, en mi familia y en mis amigos. Ya mi espalda no aguantaba más. Un nervio se me trancó y lloré del dolor, pero tenía que seguir caminando con mi ¨sleeping bag¨ en las manos, mi mochila de peregrina y una caja bastante pesada con comida y jugos.

En esa extensa caminata, extrañé tanto estar en mi isla. Me sentía cansada. Y caminaba con los ojos cerrados, pidiéndole a Dios que me diera fuerzas para llegar al lugar. Por un momento pensé en el calvario que vivió Jesús en la Cruz y eso me motivó a ignorar el dolor y seguir caminando. Continuaba orando.

Volviendo al Papa, minutos antes de pasar frente a mí, elevé mi mirada al cielo. Curiosamente, me percaté de que varios  pájaros volaban de forma circular a medida que se acercaba el Papa móvil. Se me erizó la piel, me disfruté el espectáculo, cerré los ojos y di gracias a Dios.

Más tarde, ubicamos nuestros ¨sleeping bag¨ cerca de la orilla de la playa. Las olas eran gigantescas y una de ellas llegó a mi ¨sleeping bag¨ y lo mojó. En nuestra Delegación había una frase que me encantaba: ¨Supéralo con estilo¨. Eso hice, dormí en él, bajo la lluvia y con un frío de 40 grados terrible.

Bajo el cielo estrellado, esa noche, lloré sin consuelo. Extrañaba tanto a mi familia. Lloré tanto que me quedé dormida. Luego, me levanté con la voz del Papa Francisco que dijo: ¨Jóvenes, ustedes están demostrando que su fe es más grande que el frío y la lluvia de hoy¨.  Sentí que Dios me hablaba al corazón a través de las palabras del Papa. Esa noche solo me dediqué a escuchar.

Conocí a jóvenes de todo el mundo. De argentina, Escocia, Vietnam, Brasil, Colombia, Venezuela, Bolivia, Paraguay, Ecuador, Francia, Italia, España, Costa Rica, Estados Unidos, Sudáfrica, etc. Tremenda experiencia cultural.

El último día en Copacabana bajaron por nuestros rostros lágrimas cargadas de felicidad, pues lo habíamos logrado. Luego nos dirigimos al Hotel Royal Tulip y durante dos días vacacionamos un poco.

Visité el Cristo Redentor del Corcovado, una de las siete maravillas del mundo y el Teleférico Pan de Azúcar. De allí tomé las mejores fotos de mi viaje.

Al regresar a nuestra Isla, algo dentro de mí estaba diferente. Me sentía otra persona totalmente renovada. Con un gran testimonio de fe que relatar.

La huella de la JMJ

1396047_545196278891920_2101647415_nEntendí el propósito que Dios tiene para mí. Mi vida antes de la JMJ era una vida casi perfecta. Vivía feliz y hasta despreocupada de lo que acontecía a mí alrededor. Sentía que lo tenía todo: una familia unida, un novio, muchos amigos, diversión, éxito, etc. Pero como le sucedió a Job, Dios ha probado cuán grande es mi fe en él a través de pruebas muy duras, pero que han fortalecido mi fe en él.  Cuando llegué a Puerto Rico pasé diferentes situaciones que fueron moldeando mi carácter. Inesperadamente mi tía Blanca falleció y en menos de 2 meses, recientemente, mi abuela paterna pasó a morar con el Señor. Han sido dos pérdidas grandes en mi vida, que las he podido entender y afrontar gracias a la fe tan grande que tengo en Dios.  Pude entender que soy joven, que hay muchas personas que me necesitan, que puedo trabajar por esas personas, que debo poner mis dones y talentos al servicio de Dios, que no debo ser egoísta, que debo perdonar, que debo ser humilde y que  la mejor manera de vivir es al lado de Jesús.

Desde que llegué a mi isla no he parado de trabajar, tal vez por eso no había tenido la oportunidad de ofrecer mi testimonio a los demás. Y deseo hacerlo, no para vanagloriarme de la experiencia, sino para que tú, joven que me lees, reflexiones y te preguntes:  ¿Cuán cerca quieres estar de Dios?

Esta experiencia cambió mi vida para siempre. Crecí como ser humano y gané grandiosos amigos. De todo corazón, espero que muchos jóvenes también puedan vivir esta experiencia  para que conozcan más a Jesús, se acerquen a él y descubran que la vida no es vida sin Dios, que somos jóvenes y debemos continuar ¨armando líos¨, como nos encomendó el Papa Francisco. Joven, renueva tu fe,  crece en el amor de Dios, deja que en el silencio te hable, se alegre y capaz de alegrar la vida de los demás.

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Pasión sobre olas

pasion2Por Dianerys Calderón

Como todas las tarde, antes de que baje el sol, se enlista para pasar largo rato entre las olas de la Playa Aviones en Piñones. Atraído por el resplandeciente paisaje, que envuelve el aroma salado y el azulado frescor, cada tarde se acuesta en su tabla adaptada para dominar  la ola perfecta más allá de cualquier limitación física. Las miradas se detienen.

Y es que el joven surfista Héctor Luis Resto Rivera de Guaynabo, le sobran energías para demostrar su pasión desenfrenada por un deporte que hace unos años atrás dejó de practicar por un accidente que lo dejó parapléjico.
Indio Resto, como cariñosamente lo conocen, ha hecho del  ¨bodyboarding¨ su vida impactando no solo al que lo observa, sino a todo aquel que rebosa de felicidad en la cresta de la ola perfecta. Aunque el joven atleta de 32 años jamás imaginó el nuevo rumbo que tomaría su vida desde una silla de rueda, su accidente ocurrido hace 12 años no ha representado un obstáculo para dejar a un lado su pasión por el Surf.
Fue una de esas tardes calurosas y agitadas, cuando el sol prepotente lo incitó a surfear. Como de costumbre salió a disfrutar de las olas de Piñones. Sin embargo, una pelea entre jóvenes lo llevó a uno de los negocios del lugar, ya que allí su mejor amigo era golpeado sin piedad.
Su mente se nubló, y sin pensarlo dos veces intentó defenderlo, pero de ese enfrentamiento recibió tres impactos de bala en la columna vertebral dejándolo en condición parapléjica a sus 20 años de edad.
¨Sentí que me vacié por completo, fue una sensación bien extraña. Cuando me colocaron en el asiento del carro, yo sentía  que estaba sentado en los pedales, allá abajo, pero como no sentía nada, yo pedía que me sentaran arriba en el sillón sintiendo que me faltaban los pies¨, relató Resto Rivera con ojos llorosos. Venciendo el inesperado tráfico que encontraron rumbo al hospital, llegaron por fin al Centro Médico de Rio Piedras, donde permaneció cinco meses recluido y en intensivo.

¨Cuando me desperté de la anestesia los doctores me dieron la noticia que no volvería a caminar. En ese momento no sentí nada. Estaba en ¨shock¨, pero cuando lo supe dije ok está bien¨, dijo entre risas el joven surfista, quien admitió haber caído en depresión. Aún así, el inesperado suceso no impidió que terminara sus estudios universitarios. Aunque sintió miedo de volver a surfear, simultáneamente, sentía las ansias a flor de piel de volver a dominar una ola.
Luego de tomar diferentes terapias físicas en y fuera de Puerto Rico, particularmente, la terapia electroneuromedular la sensación en sus piernas ha aumentado permitiéndole llevar una vida totalmente independiente. En diciembre del 2012 fue cuando decidió aceptar el reto y se sumergió en el mundo del Surf.
Comenzó por estudiar las olas, y creó junto a su amigo una tabla que se adapta perfectamente a su condición. La paraplejia es un impedimento en la función motora o sensorial de las extremidades inferiores que, por lo general, afecta los elementos neurales del canal espinal provocando que la persona dependa de sillas de ruedas u otras medidas de apoyo para su movilidad.
Para ¨Indio¨, este deporte es mucho más exigente que para cualquier surfer, ya que su espalda no se acostumbra a estar arqueada hacia atrás, por lo que utiliza con mayor frecuencia sus brazos para poder desplazarse por la ola.  ¨Es difícil, pero el ´surfing´ es bien lindo, es otra conexión con la naturaleza. Mientras más voy al agua mejor me siento, esto me llena¨, recalcó Resto Rivera, quien además de surfear es diseñador gráfico e ilustrador.
Según el joven surfista, hasta el momento él no conoce a otro joven parapléjico puertorriqueño que practique este deporte en la Isla, hecho que lo motiva a seguir desarrollándose en el deporte y, a su vez, motivar a otras personas que enfrentan situaciones similares a la de él.
Más allá de su condición, uno de los grandes obstáculos que enfrenta ¨Indio¨ es la falta de equipo o silla de ruedas especial que le facilite el acceso a la playa para llegar de manera más segura e independiente al agua. La silla de rueda  tiene un costo aproximado de 4 mil dólares. Por tal razón, si desea realizar un donativo puede depositarlo en su cuenta Pro Fondos del Banco Popular #321- 24153-5 o puede llamar al 787-376-0716

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Con piel de guerrera

Jeairy Segarra y José Vera.

Jeairy Segarra y su esposo José Vera.

Por Dianerys Calderón Vázquez

Mientras sus amigas se preocupaban por la ropa, el maquillaje, el pelo, los chicos y las fiestas; a sus 15 años de edad, Jeairy Segarra, intentaba salir de las llamas que arroparon su juventud, cuando se quemó con una vela y el 50% de su cuerpo recibió quemaduras de segundo y tercer grado.

Aquella noche marcó su vida. Fue en el 1998, luego de que el huracán Georges azotara la isla, cuando Segarra comenzó a tener varias convulsiones, por lo que decidió ir al doctor. Allí le realizaron un electrocefalograma de 24 horas. Más tarde, el doctor le ordenó que debía removerse el pegamento del cuero cabelludo, y esta adquirió un producto fuerte para eliminarlo.

Como consecuencia del fenómeno atmosférico, esa noche una vela iluminaba el hogar de Jeairy Segarra, la misma que ésta utilizó en el baño para removerse el pegamento.

“Al yo virar el cabello, las puntas de mi cabello rozaron con la vela y en medio segundo me prendí en fuego”, explicó Segarra, quien estuvo alrededor de dos minutos y medio entre las llamas.

En un abrir y cerrar de ojos su madre se levantó asustada al ver una bola gigantesca de fuego en el pasillo de la casa y socorrió a su hija metiéndola rápidamente a la bañera. “Cuando mis padres me encontraron yo estaba totalmente carbonizada”, comentó la joven, quien fue transportada en ese momento al Hospital de Carolina.

Lo curioso es que, mientras Segarra luchaba por mantenerse con vida, los doctores no la aseguraban; y le diagnosticaron pérdida de audición, visión,  y la pérdida total de su cabello. No obstante, a medida que pasó el tiempo, el resultado fue otro.  Después de más de 150 cirugías, Segarra se convirtió en una exitosa empresaria, con una familia y una historia de amor que relatar.

En el momento de su accidente, la relación con su actual esposo José Veras se fortaleció. Segarra recuerda que cuando eran estudiantes de escuela superior la vida los puso  frente. Hubo atracción y de ahí surgió el sentimiento de amor. Después cada cual siguió su camino. Más tarde se volvieron a encontrar. Físicamente Segarra no era la misma. Esta vez el rostro de ella llevaba la marca de su accidente. Sin embargo, los sentimientos de ambos trascendieron más allá de lo físico, donde contrajeron matrimonio y  procrearon dos niñas.

El proceso de recuperación de Segarra fue lento. Fueron años entre el hospital y la casa. Sin embargo, mientras se recuperaba aprendió sobre los beneficios de utilizar productos orgánicos para la piel. Fue entonces cuando creó su empresa Komokoco.

La marca Komokoco promueve la buena salud a través del uso de la aromaterapia, hierbas y aceites esenciales. Por medio de sus productos, Segarra confesó que ha podido aliviar las repercusiones de las quemaduras que recibió en su juventud, en especial la recuperación y fortalecimiento de su cabello.

“Cuando me vi en un espejo pasó una película por mi mente, pero al terminar, llegué a la conclusión de que la vida es mucho más allá de lo exterior y este negocio es un pedacito de mi para el resto del mundo. Además, pienso que el cabello da ese pequeño ˊínsight’ de tu personalidad. Para mí el cabello es mejor que la piel”, explicó la joven artesana.

Según Segarra, su experiencia ha sido fuente de inspiración para contribuir con la salud de muchas personas con problemas de la piel, con dolores musculares o simplemente aquellas personas que, como ella, son perfeccionistas con el cuidado de su cabello.

Actualmente, vive en Estados Unidos junto a su familia y se prepara para participar en las ferias artesanales de North Carolina. Para más información pueden acceder a www.komokoco.com

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